Reír: un idioma universal
Desde bebés ya nos reímos, incluso antes de hablar. Y lo curioso es que da igual el país, la edad o el idioma: la risa se entiende en todo el mundo. ¿Nunca te ha pasado que te contagias de la risa de alguien sin saber siquiera por qué se ríe?
¿Por qué nos reímos más cuando estamos acompañados?
Un estudio publicado en ScienceDirect lo demostró: somos hasta 30 veces más propensos a reír en grupo que cuando estamos solos. Lo interesante es que no importa si puedes hablar o no con las personas que te acompañan: el simple hecho de estar en compañía ya multiplica la probabilidad de que nos riamos.
Esto sugiere que la risa no es solo una respuesta a algo gracioso, sino un reflejo social: reímos para conectar, para integrarnos, para compartir.
¿Los humanos somos los únicos que nos reímos?
No. La risa o sus equivalentes también están presentes en otros animales como loros, ratas, vacas o primates. Y en muchos casos, también aparece en contextos de juego o socialización. Las ratas, por ejemplo, emiten ultrasonidos similares a una “risa” cuando se les hace cosquillas.
¿Qué pasa en el cerebro cuando nos reímos?
La universidad College of London publicó un estudio(“Laughter and the Brain”, 2021) utilizando imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) donde analizaron cómo reacciona el cerebro ante distintos tipos de risa: espontánea (auténtica) y forzada (fingida).
Risa espontánea:
– Se activa una red cerebral muy amplia: corteza prefrontal medial, regiones motoras, sistema límbico (amígdala, ínsula), y áreas asociadas al placer como el núcleo accumbens.
– También se desactiva la “censura social” de la corteza prefrontal dorsolateral: por eso a veces no puedes parar de reírte. En esta censura el cerebro deja de filtrar tanto la expresión emocional y “se suelta” la risa. Es decir, hay menos control cognitivo sobre el impulso de reír. Esto afecta en:
· el control inhibitorio
· el comportamiento socialmente adecuado
· la evaluación del contexto
· el autocontrol emocional
Risa forzada:
Cuando es risa forzada, la corteza prefrontal dorsolateral está más activa, lo que indica un esfuerzo consciente por ejecutar la risa, es decir, un mayor control cognitivo.
– Activa zonas más restringidas y se percibe más como un “ejercicio motor” que como una emoción genuina.
– Aunque puede tener algunos efectos positivos, no desencadena la misma cascada neuroquímica placentera.
¿Por qué se nos contagia la risa?
Seguro que alguna vez te ha pasado: alguien empieza a reírse, y tú también te ríes… incluso sin saber muy bien por qué. Eso tiene nombre: risa contagiosa, y es uno de los aspectos más fascinantes de cómo el cerebro responde a las emociones de los demás.
En el estudio de la University College London (2021), se analizó esta dimensión social y automática de la risa. Mediante resonancia magnética funcional, los investigadores encontraron que:

Cuando la risa es contagiosa, se activa fuertemente una red bilateral en el cerebro (como se muestra en azul), que incluye regiones sensorimotoras y premotoras, implicadas en la imitación y resonancia emocional.
Estas regiones nos permiten «sentir» lo que el otro siente, y por eso la risa se contagia: nuestro cerebro se prepara para reproducir ese mismo comportamiento, casi como si lo estuviéramos imitando sin darnos cuenta.
Esto explica por qué la risa compartida es mucho más probable y más intensa: no solo por lo que se dice o se hace, sino por cómo nuestro cerebro social está diseñado para sincronizarse con los demás.
En cambio, cuando analizaban la risa auténtica o espontánea (como se muestra en rojo), aparecían activaciones distintas, especialmente en áreas como la ínsula anterior, la corteza prefrontal medial y zonas relacionadas con la evaluación emocional interna, lo que sugiere una mayor implicación subjetiva y afectiva.
Beneficios de reír (sí, incluso si es fingido)
En otro estudio publicado en el NIH hicieron intervenciones (terapia de la risa, videos graciosos, payasos disfrazados…) a adultos y ancianos con ansiedad, diabetes, enfermedades cardiovasculares… y se vió que la risa:
– Disminuye los niveles de cortisol (la hormona del estrés)
– Libera endorfinas y dopamina
– Reduce el dolor y la presión arterial
– Mejora la respuesta inmune
– E incluso puede influir en los niveles de glucosa en sangre
Hay que tener en cuenta que en estos estudios hay limitaciones porque las muestras no son muy grandes y porque la gente va predispuesta, lo que puede tener una mejor percepción de lo que va a pasar, pero vamos, que reírse desde luego no hace mal. Por eso la risoterapia, aunque parezca un juego, tiene efectos medibles. Especialmente cuando va acompañada de interacción social o apoyo emocional.
¿Por qué a veces acabamos agotados después de reírnos mucho?
Porque reírse no es solo un proceso emocional, ¡también es un proceso físico!
Participan músculos del abdomen, diafragma, rostro… se acelera la respiración y el ritmo cardíaco. Es una “mini sesión de ejercicio”.
Cuando pasa, el sistema nervioso parasimpático entra en acción: baja el ritmo, relaja los músculos y nos deja esa sensación de calma.
Risa como catarsis emocional
La risa nos permite descargar toda la tensión corporal porque usas muchas partes de tu cuerpo para reírte (diafragma, abdomen, aceleras el ritmo cardíaco, la respiración…) y bueno, por toda la química que libera nuestro cerebro que ya hemos mencionado antes. Es cómo si hubiésemos hecho una clase de zumba extrema y cuando terminamos el cerebro activa el sistema parasimpático, que baja el ritmo cardíaco, relaja los músculos, recupera el equilibrio interno y nos da una sensación de placer y calma buenísima.
A parte a veces aprovechamos la risa para soltar la tensión emocional que teníamos contenida. Y eso libera mucho.



