Los españoles (bueno y el ser humano en general) es muy de socializar a través de la comida y de la bebida. ¿Quedamos a comer? ¿Nos vemos en las tapas? ¿Tomamos el aperitivo? ¿Unas cañitas?Es por ello, que entender la neurociencia de la alimentación y la relación entre comida y emociones, nos puede ayudar a entender muchos comportamientos sociales.
Y resulta que nuestro cerebro tiene un papel enorme en todo eso. Y no solo hay una parte que se encargue de decir “tengo hambre” o “ya estoy lleno”. En realidad, hay muchas áreas trabajando a la vez, porque como decimos siempre, el cerebro no trabaja por bloques, sino por las conexiones neuronales, y hay muchas estructuras que se encargan de varias cosas a la vez.
En este artículo vamos a definir algunas de ellas para entender mejor la relación entre comida y emociones:
Estructura 1: núcleo arcuato (del hipotálamo)
El núcleo arcuato se encuentra en el hipotálamo (en la región medial). Su función principal es determinar si el cuerpo tiene suficiente energía o si necesita más (es como el jefe de logística). Según Berthoud & Münzberg (2011) desempeña un papel crucial en el control del apetito y la sensación de saciedad del cuerpo.
Funciona mediante hormonas como la leptina (genera sensación de saciedad cuando hemos almacenado la energía necesaria. Es como si nos dijese: “eh oye, que toca comer, que no tengo energía”), y la grelina (generando sensación de hambre para indicarnos que se necesitan reservas, sonaría algo tipo: “oye mira, yo ya tengo la energía suficiente y no necesito más”.).
Cuando estas señales alcanzan el núcleo arcuato, activan o inhiben otras áreas del hipotálamo que también controlan el apetito (el hipotálamo lateral para aumentar el hambre y el núcleo paraventricular para frenar el hipotálamo lateral) ( Saper & Lowell, 2014 ; Cowley et al., 2001).
Estructura 2: área tegmental ventral (VTA)
Se encuentra en el mesencéfalo y, sobre todo, está formado por neuronas dopaminérgicas. Su función principal es estimular el sistema de recompensa, implicado en la motivación y el placer que experimentamos al comer (sobre todo) alimentos ricos en grasas y calorías.
Se activa cuando pensamos en comer algo que nos parece placentero, liberando dopamina, un neurotransmisor que incita a que repitamos la conducta. (Trutti et al., 2019).
Se conecta al núcleo accumbens y a la corteza orbitofrontal buscando alimentos que nos gustan incluso cuando no tenemos hambre real (Kenny, 2011). Nos ayuda a priorizar la búsqueda de comida, pero a veces puede hacernos tener una relación poco saludable con la comida, contribuyendo al desarrollo de trastornos de conducta alimentaria (Kenny, 2011; Berthoud, 2012).
Es por ello, que cuando estamos tristes, tenemos ansiedad, nos sentimos estresados, muchas veces buscamos consuelo en la comida. Es curioso que ahí no aparece el brócoli para consolarnos. Aparece el helado, el chocolate, las patatas fritas… lo que sea que te abrace desde dentro.
Esto tiene mucho que ver con cómo nos han educado, porque al final nuestro contexto nos va definiendo y que la comida nos consuela es algo que aprendemos desde pequeños: cuando te decía tu madre“es que le he echado el ingrediente secreto: amor”, o el típico “si te portas bien, te doy una chuche” o el “cómete todo o no hay postre”, o cuando invitamos a cenar a alguien como gesto bonito, o bueno, más bonito aún es cederle la última croqueta a alguien.
Y así, vamos aprendiendo a relacionar la comida y emociones y terminamos asociando la comida con un premio, como consuelo o como un gesto de amor.
Estructura 3: corteza orbitofrontal
Está situada en la parte inferior del lóbulo frontal y nos ayuda a decidir si un alimento nos gusta evaluando su sabor, olor y textura (Rolls, 2006). Le da un valor subjetivo al alimento y también nos puede hacer perder el apetito después de comerlo varias veces, aunque sigamos teniendo hambre.
También se comunica con el sistema de recompensa (núcleo accumbens, y VTA), por eso tiene un papel importante en comportamientos de comer por placer o trastornos de la alimentación (Brooks et al., 2017).
Comer no es solo llenar el estómago.
Es una mezcla de necesidades fisiológicas, emociones, costumbres y relaciones.
Y no se trata de culparse, sino de observar: ¿por qué como cuando no tengo hambre? ¿Qué estoy buscando realmente? Un sabor, saciar el hambre o una emoción.
Quizá si aprendemos a escuchar lo que hay detrás del hambre, podamos comer con más calma y tener una mejor relación con la comida.



