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LOS 10 EXPERIMENTOS DE PSICOLOGÍA MÁS CURIOSOS

Vamos a analizar 5 experimentos de psicología social.

La psicología no solo vive en libros o teorías complejas: también se construye en laboratorios, pasillos universitarios e incluso calles donde se simulan situaciones reales. A lo largo del siglo XX, varios experimentos de psicología han revelado verdades sorprendentes sobre cómo pensamos, actuamos y nos relacionamos con los demás. Algunos nos confrontan con nuestra moral, otros nos muestran lo fácilmente influenciables que podemos ser.

En este artículo repasamos cinco de los experimentos más impactantes de la historia de la psicología. Son estudios que no solo marcaron un antes y un después en la ciencia, sino que también nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia conducta. Spoiler: después de leerlos, verás a las personas (y a ti misma/o) con otros ojos.

El dilema del prisionero

 

Fue un experimentos de psicología de Tucker en 1950.

Imagina que te detienen a ti y a un amigo por un crimen y la policía os interroga por separado.

– Si ninguno dice nada, quedáis libres.

– Si ambos confesáis, ambos recibiréis una pena de 5 años.

– Si confiesa uno y el otro no, el que confiesa queda libre y el otro recibe una pena de 20 años.

¿Qué haríais?

– Si confías en que el otro se quedará callado, lo mejor sería no confesar (solo 1 año).

– Pero si temes que él te traicione, quizás prefieres confesar tú primero para no comerte los 10 años.

Lo curioso es que, aunque lo mejor sería que ambos guardaran silencio, muchas personas traicionan a su compañero por miedo a salir perdiendo. Este experimento es famoso porque muestra cómo, incluso cuando colaborar es lo mejor para los dos, el miedo a perder puede llevar a que nadie gane del todo. Se usa para entender decisiones humanas, conflictos, política, economía… ¡y hasta relaciones de pareja!

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En la escena de Batman, el Joker ha secuestrado dos barcos y le da al líder de cada bando un detonador, les dice que a las doce explotará los dos barcos pero que si alguien presiona el detonador antes, vivirá y hará explotar el otro barco inmediatamente.

Experimento sobre la obediencia a la autoridad

 

En este experimentos de psicología, Stanley Milgram (psicólogo autor del experimento sobre la obediencia a la autoridad) denominó este estado como agéntico. Esto quiere decir que una persona que considera que toma decisiones por si misma, cuando está encerrada en un sistema (en este caso programa) en el que alguien tiene un estado superior de autoridad le dice “haz algo”, esa persona se verá a sí misma como un mero ejecutor. Aunque le pidas realizar una acción que no se corresponda con sus valores, en la mayoría de los casos lo realizará. Están al servicio de la autoridad.

Para entender hasta que punto somos capaces de obedecer en contra de nuestros principios en una situación de presión, el experimento de psicología social de Milgram consistió en que individuos realizasen preguntas a un sujeto al que no podían ver, si este no acertaba le suministraban una descarga eléctrica cada vez más alta. Aunque la persona gritase y pidiese por favor que se parase el juego, el psicólogo (la autoridad) insistía en que el juego debía continuar. Más del 65% terminaron sometiendo al sujeto a una descarga de 450 voltios. De no ser porque nadie recibía realmente las descargas, el sujeto podría haber muerto.

A continuación podréis ver el documental que sin duda os dejará los pelos de punta.

Experimento original:

Este experimento se replicó 50 años después en formato de piloto de concurso de televisión y los resultados fueron similares, si no peores.

Réplica años después:

 

El del buen samaritano, de Darley y Batson.

 

A los estudiantes de teología (estudia a Dios, la fe…) les dijeron que tenían que dar una charla sobre la importancia de cuidar a los demás. A un grupo les hizo llegar al sitio con mucha prisa, casi a punto de empezar la conferencia, al segundo les hizo llegar un poco justos pero iban bien y al tercero con mucho tiempo.

Pues 

– El 10% de los participantes con prisa se detuvieron a ayudar.

– En prisa moderada, el 45% ofreció ayuda.

– Y los que iban sin prisa ayudaron en un 63%.

Pero lo irónico es que iban a dar una charla sobre cuidar a los demás. Este experimento muestra que nuestra conducta depende muchísimo del contexto. No siempre ayudamos por lo “buenos” o “malos” que somos, sino por cosas tan simples como tener prisa o no. A veces, el tiempo manda más que la moral.

¿Alguna vez habéis hecho algo solo porque los demás lo hacían? ¿O porque os sentíais observados?

El efecto espectador

 

En 1964, Kitty Genovese, una joven de 28 años, fue apuñalada cerca de su casa en Queens, Nueva York. Lo más impactante del caso fue que, según los primeros reportes del New York Times, 38 vecinos presenciaron o escucharon el ataque pero ninguno llamó inmediatamente a la policía ni intervino.

Este caso llevó a investigaciones sobre por qué la gente no ayuda cuando hay otras personas presentes. Así se formuló el efecto del espectador, que sostiene que cuantas más personas hay presentes, menos probable es que alguien intervenga en una situación de emergencia. Esto se debe a varios mecanismos:

– Difusión de la responsabilidad: todos asumen que otro actuará.

– Inhibición social: miedo a hacer el ridículo o equivocarse.

– Ambigüedad: no saber si realmente hay una emergencia.

Con el tiempo se ha cuestionado la veracidad del relato inicial: investigaciones posteriores revelaron que algunos vecinos sí llamaron a la policía y que la historia del «nadie ayudó» fue en parte exagerada. Sin embargo, el caso sigue siendo crucial en la historia de la psicología por el debate y la investigación que generó. Pero a partir de esta historia se desarrollaron más teorías.

Los psicólogos John Darley y Bibb Latané realizaron en 1968 un experimento clásico: simulaban una emergencia (como alguien teniendo un ataque) mientras los participantes creían estar solos o con otros. ¿Resultado? Cuantas más personas creían estar presentes, menos ayudaban.

La fuerza del grupo

 

Este es uno de mis experimentos de psicología favoritos porque es súper visual. Imaginad que entráis a un ascensor y hay varias personas dentro. Todo parece normal, pero cuando la puerta se cierra, todos los demás giran lentamente y se quedan mirando la pared en lugar de la puerta.

¿Qué haríais?

Este experimento de psicología, hecho por el programa Candid Camera, mostró que la mayoría de las personas también giraban sin cuestionarlo, solo por seguir a la multitud. Intentamos mantener nuestra individualidad pero la fuerza que ejerce el grupo es más fuerte.

Experimento de ASCH

 

¿Alguna vez has dudado de lo que ves solo porque todos a tu alrededor decían otra cosa? Eso fue lo que quiso probar Solomon Asch. En su estudio, reunía a varias personas para una tarea muy sencilla: identificar cuál de varias líneas tenía la misma longitud que una línea modelo. El truco estaba en que solo uno de los presentes era un participante real; el resto eran cómplices que daban respuestas equivocadas a propósito.

El resultado fue impactante: muchas personas, aun sabiendo que la respuesta era incorrecta, preferían adaptarse al grupo antes que destacar. El experimento reveló cómo el deseo de encajar puede hacernos dudar incluso de lo que vemos con nuestros propios ojos.

El pequeño Albert. John Watson

 

John Watson y Rosalie Rayner querían demostrar que las emociones también se pueden aprender. Para ello, trabajaron con un bebé de 9 meses llamado Albert. Al principio, Albert no mostraba miedo a casi nada, ni siquiera a una ratita blanca. Pero los investigadores empezaron a hacer sonar un ruido fuerte y desagradable cada vez que le mostraban la rata. Después de unas cuantas repeticiones, Albert comenzó a asustarse con solo verla.

Este experimento mostró que el miedo puede ser condicionado: no nacemos temiendo ciertas cosas, sino que podemos aprender a tenerles miedo por asociación. Eso sí, el estudio ha sido muy criticado por su falta de ética, ya que nunca se deshizo el miedo creado en el niño.

La necesidad de afecto. Harry Harlow

 

Harry Harlow quería entender qué hace que un bebé se apegue a su madre. Para eso trabajó con crías de mono rhesus que fueron separadas de sus madres. Les ofreció dos figuras maternales artificiales: una hecha de metal que les daba comida, y otra cubierta con felpa suave que no les daba alimento. ¿Cuál eligieron los monos? Sorprendentemente, pasaban mucho más tiempo con la madre de felpa (unas 17 horas), buscando calor y seguridad, aunque no recibieran comida de ella (aquí solo estaban 1 hora, lo necesario para alimentarse).

Este experimento cambió por completo la forma en la que se entendía el vínculo afectivo en la infancia. No solo necesitamos que nos alimenten; necesitamos sentirnos protegidos, abrazados, reconfortados. El video en sí a mí me da muchísima pena verlo, pero se entiende muy bien la necesidad del vínculo y el apego.

La prisión de Stanford.

 

Philip Zimbardo quiso estudiar qué pasaba cuando personas normales asumían roles de poder y sumisión. Para ello, convirtió el sótano de la universidad en una prisión ficticia y asignó al azar a estudiantes como «guardianes» o «prisioneros». Lo que empezó como un experimento de psicología se convirtió en una pesadilla: en solo unos días, los «guardianes» empezaron a abusar de su poder, y varios «prisioneros» sufrieron crisis emocionales.

El experimento se tuvo que cancelar al sexto día. ¿La conclusión? Los contextos extremos pueden sacar lo peor de nosotros, incluso si somos personas comunes. El entorno, los roles y la deshumanización pueden empujar a cualquiera a comportarse de formas impensables.

La propina:

 

Imagina que están en un restaurante y, al traer la cuenta, el camarero os deja unos caramelitos o te ofrece el típico “chupito en la casa”.

Los psicólogos Strohmetz y su equipo descubrieron que cuando los camareros dejan un dulce con la cuenta, los clientes dan propinas más altas. ¡Es como si nos sintiéramos obligados a devolver el favor! Cuando alguien hace algo bueno por nosotros, sentimos que estamos en deuda.

¿Os ha pasado? ¿Habéis dejado propina porque el camarero ha sido muy amable?

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