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CEREBRO Y SUEÑO ¿POR QUÉ DORMIMOS EN REALIDAD?

Dormir es mucho más que descansar.

Mientras duermes, tu cerebro no se apaga: organiza, repara, filtra y coordina. Es más bien como entrar en una coreografía muy bien orquestada, donde distintas zonas del cerebro van tomando el relevo. Y no para en toda la noche.

De hecho, el sueño es uno de los procesos biológicos más complejos y fundamentales para la salud mental, emocional y física. Pero, ¿qué ocurre exactamente en nuestro cerebro mientras dormimos? Vamos a analizar la relación entre cerebro y sueño.

Estructuras implicadas en cerebro y sueño.

Aunque tradicionalmente asociamos el sueño al descanso físico, el verdadero director de este proceso es el cerebro. Entender cómo funciona la relación entre cerebro y sueño nos permite comprender mejor por qué lo necesitamos tanto y qué pasa cuando no dormimos bien.

Distintas estructuras cerebrales se activan o inhiben en función de la fase del sueño en la que estemos:

Estructura 1: ganglios basales 

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Son como el piloto automático del coche. Te ayudan a mantener el control suave de los movimientos incluso mientras estás entrando en un estado de sueño profundo. Por ejemplo, si alguna vez te has dado la vuelta en la cama sin despertarte, es probable que los ganglios basales (junto con el cerebelo) hayan coordinado ese pequeño movimiento sin necesidad de que te despiertes. También son clave para esa sensación de estar medio dormida pero aún capaz de responder si alguien te habla: ayudan en esa transición entre la vigilia y el sueño.

Explicación más técnica: son una serie de estructuras subcorticales que normalmente están asociadas al control del movimiento voluntario, la regulación del tono muscular y el procesamiento de las emociones. (UNIR, 2024). Pero también tienen un papel importante en la regulación del sueño Velayos et al (2007). Se han encontrado que, particularmente el putamen y el núcleo accumbens, intervienen junto con el cerebelo, en la fase del sueño de ondas lentas (NREM) actuando tanto en los movimientos durante la fase, como en la transición entre la vigilia y el sueño (Velayos et al, 2007).

Estructura 2: tálamo 

cerebro y sueño; psicologia; sueño; fases del sueñoEs como el portero de una discoteca. Durante el día deja pasar un montón de información sensorial: sonidos, luces, ruidos… pero cuando dormimos filtra todo eso para que no nos despertemos con cualquier cosa. Eso sí, si el ruido es lo bastante potente o tiene un componente emocional (como un bebé llorando o tu alarma de móvil), el tálamo lo deja pasar. Por eso a veces nos despierta una mosca, y otras veces no nos enteramos ni del camión de la basura.

Explicación más técnica: es el encargado de procesar, coordinar y regular la información sensocial tanto de la médula espinal como del resto del tronco encefálico, incluso del propio encéfalo. Durante la fase del sueño de ondas lentas (NREM), el tálamo reduce la transmisión de estímulos sensoriales hacia la corteza, haciendo que la persona genere una desconexión con el entorno y ayudando a tener estados de sueño profundo. Además, junto con la corteza cerebral, participa en la generación de husos del sueño (ráfagas breves pero intensas de actividad cerebral que aparecen durante la transición de la vigilia al sueño y viceversa (Roldan, 2023)).

Estructura 3: locus coeruleus 

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Es como ese jefe hiperactivo que está todo el día diciéndote “¡atenta!”. Durante el día, te mantiene alerta, concentrada, y lista para reaccionar. Pero por la noche se va apagando poco a poco hasta quedarse prácticamente en silencio en la fase REM, permitiendo que puedas soñar tranquila sin sobresaltos. Si alguna vez has tenido problemas para dormir por estrés o por estar en “modo vigilancia”, es muy probable que el locus coeruleus estuviera demasiado activo.

Explicación más técnica: esta estructura se encarga de funciones clave como el estado de alerta, la respuesta al estrés y la regulación del sueño y la vigilia. Todas estas funciones son claves para poder tener un correcto ciclo de sueño. Dependiendo de las fases del ciclo, actúa de diferente manera: en la vigilia tiene una alta actividad favoreciendo la respuesta a los estímulos del entorno y el estado de alerta, durante el sueño NREM va disminuyendo esa activación y finalmente en la fase REM baja drásticamente su actividad. Esta desconexión con el entorno es vital para poder soñar sin interrupciones (Van Egroo et al, 2022).  

Estructura 4: núcleo supraquiasmático  

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Este núcleo interpreta la luz del ambiente como una señal para decirle al cuerpo si es hora de estar despierto o de empezar a dormir.

Por eso, cuando te vas de viaje y hay jet lag, este reloj interno se desajusta: la luz que recibe no coincide con la que espera, y tu cuerpo se confunde. También explica por qué cuesta más dormir si has estado con el móvil hasta tarde: el núcleo capta la luz de la pantalla y entiende que aún no es hora de dormir.

Explicación más técnica: es clave para regular el sueño porque se encarga de coordinar el ritmo del cuerpo en función de la luz que haya (Saper & Fuller, 2017). Regula el sueño mediante las señales directas que recibe de la retina. También regula la secreción de melatonina por la glándula pineal (Bedrosian et al., 2013). 

Sonambulismo: cuerpo dormido, cerebro despierto

Durante el sonambulismo, algunas partes del cerebro se activan mientras otras siguen dormidas.

Algunas regiones del cerebro, como las encargadas del movimiento (ganglios basales y corteza motora), que tienen actividad suficiente para generar conductas motoras complejas como caminar, hablar o manipular objetos. Sin embargo, otras áreas clave para la consciencia y la memoria, como la corteza prefrontal o el hipocampo, permanecen en estado de reposo. Es como si se encendieran solo las luces del pasillo, pero el salón y la cocina siguieran a oscuras. Las zonas que controlan el movimiento se ponen en marcha (por eso la persona puede caminar, hablar o incluso hacer gestos complejos), pero las encargadas de la consciencia y la memoria, como la corteza prefrontal, siguen en modo reposo.

El resultado: haces cosas sin darte cuenta… y al día siguiente, ni te acuerdas. Es un ejemplo perfecto de cómo cerebro y sueño no siempre van de la mano. A veces, una parte se despierta antes de tiempo.

¿Por qué soñamos?

¿Alguna vez habéis tenido un sueño tan real que de repente te levantas llorando, riendo o con el corazón a mil?

Los sueños ocurren sobre todo en la fase REM, y en esta fase aumenta la actividad en el sistema límbico (encargada del procesamiento emocional) pero disminuye en la corteza prefrontal (encargada de aspectos más lógicos y racionales). Es como si el sistema límbico fuera ese amigo que llora cuando ve el anuncio de Navidad y la corteza prefrontal el que le dice, “tranqui, que solo es un anuncio”, pero cuando dormimos, ese colega no está tan pendiente y por eso acabamos soñando cosas loquísimas. 

Dicen también que soñar es como una manera de ensayar emociones sin tener consecuencias reales y aparecer miedos, deseos, conflictos… y por eso soñamos cosas intensas: que nos persiguen, que volamos… ¿Alguna vez habéis soñado que voláis? ¿Cómo lo hacéis? (hay gente que va como nadando, otra flotando…)

¿Y si no dormimos bien?

Cuando el sueño se altera, también lo hace el equilibrio químico y funcional del cerebro. La relación entre cerebro y sueño es tan estrecha que una mala noche puede afectar a nuestras emociones, a la toma de decisiones y al rendimiento cognitivo. Se acumulan toxinas, se altera la regulación emocional y disminuye la capacidad de concentración y memoria. La privación crónica de sueño puede incluso afectar al sistema inmunológico, al metabolismo y al estado de ánimo.

Dormir no es un lujo, ¡es una necesidad vital!

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