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Calor y agresividad ¿Discutimos más en verano?

Calor y agresividad: ¿por qué en verano perdemos la paciencia?

¿Os ha pasado alguna vez, que con el calor todo os molesta más? Que te toque alguien sudado en el metro, que el ruido te parezca insoportable o que una discusión tonta se te vaya de las manos.

Lejos de ser una exageración popular, la ciencia lleva décadas investigando cómo las altas temperaturas pueden influir en nuestra conducta. Y sí: hay evidencia sólida de que calor y agresividad tienen que ver y puede aumentar los conflictos.

Más calor, más conflictos: ¿qué dicen los estudios?

Desde los años 80, se ha observado una relación entre calor y agresividad. Uno de los estudios más citados es el del psicólogo Craig Anderson, que analizó datos de Estados Unidos y encontró que durante los meses más calurosos aumentaban los homicidios, las agresiones y las peleas.

Y no es solo en EE. UU. Un estudio publicado en Nature (Hsiang, Burke y Miguel, 2013) analizó datos de más de 60 países y descubrió algo revelador: se midió cual era la temperatura estándar de cada país y cuando ésta sube más de la media aumenta un 4% la probabilidad de conflictos interpersonales (peleas, discusiones) y un 14% la probabilidad de conflictos grupales o sociales, como disturbios o enfrentamientos entre colectivos.

En Francia, por ejemplo, se dispararon los casos de violencia doméstica durante la ola de calor de 2003. Y en Brasil, durante el Mundial de Fútbol de 2014, los partidos jugados con temperaturas más altas registraron más peleas en los estadios.

¿Por qué el calor nos hace más propensos a discutir?

Una de las hipótesis más respaldadas es la del «malestar térmico»: cuando hace mucho calor, aumenta nuestro malestar físico. Sudamos más, descansamos peor y nuestra tolerancia se reduce. Todo esto baja nuestro umbral de paciencia y nos hace más reactivos.

También influye que en verano interactuamos más con otras personas. Los días son más largos, salimos más, hay más actividades sociales y, muchas veces, más alcohol de por medio. Esa combinación (calor + interacción + alcohol) crea un caldo de cultivo para los conflictos. Esto se conoce como la teoría de la actividad rutinaria: no es solo el calor, sino lo que hacemos cuando hace calor.

Además, el calor afecta al eje del estrés: se eleva el cortisol (hormona relacionada con el estrés), lo que empeora la regulación emocional y puede aumentar la agresividad.

El contexto también importa

No todas las personas experimentan el calor de la misma forma. Tener aire acondicionado, una segunda residencia en la montaña, acceso a sombra o poder irse de vacaciones hace que la exposición al calor sea mucho más llevadera.

La OMS ha señalado que las personas con más recursos y acceso a viviendas frescas presentan menos efectos psicológicos negativos durante las olas de calor. En EE. UU., un estudio encontró que los barrios marginados eran hasta 5 grados más calurosos que otros con más zonas verdes, y en ellos se registraba mayor insomnio, ansiedad y agresividad social.

¿Se puede decir que el cerebro se sobrecalienta?

En 2022, un estudio publicado en la revista Brain escaneó cerebros de personas sanas en diferentes momentos del día y condiciones térmicas. Descubrieron que la temperatura media del cerebro es de unos 38,5 °C y que puede llegar hasta los 40 °C en zonas profundas, sobre todo en mujeres y por la tarde.

Lo sorprendente es que esa temperatura, que sería fiebre alta en el resto del cuerpo, es completamente normal para el cerebro. Antes se pensaba que estos niveles se alcanzaban solo en casos de traumatismo o lesión, pero ahora sabemos que el cerebro sano puede funcionar así perfectamente.

Eso sí: una cosa es que el cerebro aguante esas temperaturas, y otra que el resto del cuerpo lo lleve bien. Cuando dormimos mal, sudamos sin parar y estamos en constante incomodidad térmica, nuestra memoria, atención, tolerancia al estrés y capacidad de autocontrol se ven afectadas.

Así que sí: el calor no solo derrite el asfalto… también puede derretir un poco nuestra paciencia.

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